MI DOBLE IDENTIDAD

joseviruete 02/01/03


Cuando se es un chaval aficionado a los cómics a una edad en que la mayoría ya piensa que son cosas de crios y en un entorno donde se desprecia todo aquello que recuerde que aún eres un crío (el colegio), ¿quién puede ser tu modelo a seguir? Los chavales de hoy tienen a Kevin Smith, pero hasta 1990 por aquí no teníamos a nadie. Hasta que llegó Andrew Clements.

Andrew desenbarcó por las tardes en la primera cadena con su serie Mi doble identidad, serie que descubrí con enorme alegría y estaba interpretado por ese titán que es Jerry O´Connell al que podréis haber visto de mayor en El Cuchitril de Joe o Scream 2.

Miren como se rien, qué harán los dos tan juntitos

El caso es que este chaval tenía un vecino al que llamaba Doctor J, un tal Derek McGrath que recuerdo salía en Loca Academia de Policia 4. Los dos compartían una amistad bastante extraña y que ahora, malpensado yo, interpreto de una manera bastante pedófila. El Doctor J era inventor, y provando un rayo para hacer crecer las plantas dota al chaval de superpoderes. El reparto lo completaban su madre (que salía en la canción flipando ella sola en una bici estática) y la hermana, muy mona ella. Ah, ¡y todo esto en Canadá, ahí es nada!

Lo que molaba de la serie, y lo que consiguió una total identificación por mi parte con el chaval, es que Andrew era un fanático de los cómics. Su habitación rebosaba tebeos, había posters por todas partes, disfrutaba teniendo sus poderes y quería ser superhéroe, y eran habituales las citas y guiños a los comiqueros. Si a esto añadimos que nos parecíamos físicamente (me daba un aire, nada más), ya teníamos al que durante un tiempo fue mi héroe, hasta el punto de hacer con mi cámara mi propio capítulo de la serie. Sí amigos, una vez más me pongo en ridículo ante vosotros para vuestro entretenimiento. Espero que Satán me lo tenga en cuenta.

Andre tenía supevelocidad, invulnerabilidad y podía levitar, que no volar. De hecho, para controlar su vuelo tenía que ayudarse de unos sprays que le impulsaban en la dirección deseada. El tipo era tan freak que hasta se creó un uniforme y una identidad secreta: Ultraman. Pues parece que los guionistas no estaban muy puestos en cultura pop, no, porque mira que no saber que Ultraman es el super japonés por excelencia... Muy mal.

¿Quién diantres tiene los tebeos colgados en la pared?

Las aventuras eran bastante sosainas, eso sí, y lidiaban con chantajistas, ladrones y matones de instituo. Lo normal en estos casos. Por entonces me parecían divertidillas, ya ven. Sin embargo, mi fanatismo con Andrew apenas duró unos meses, ya que en la segunda temporada, Jerry O´Connell dio el estirón, perdió peso y... ¡dejó de interesarse por los cómics! Esto coincidió con la aparición de un supuesto mejor amigo, un tal Kirk, al cual odié, pues le hacía responsable de su perdida de interés por los tebeos.
Seguí viendo la serie, aunque sin las ganas de antes. Además, Andrew ganó superfuerza y dejó de necesitar de los sprays para volar. Para colmo, en la tercera temporada cambiaron la sintonía original, por una versión "moderna" en plan AOR. De nuevo, odié el cambio, aunque ahora me gusta mucho más la segunda sintonía.

A pesar de todo, he seguido con cierto interés la carrera de Jerry O´Connell, ya que además de aquí salía en Cuenta Conmigo. Afortunadamente, el tipo ha hecho cosas bastante recomendables, como las mencionadas al principio el artículo, la serie Salto al Infinito, Juerga de Solteros o Space Cowboys... Jerry es el puto amo y hay que besar el suelo por donde pisa. Hace un par de años pude volver a ver algunos episodios, y la serie sigue siendo perfectamente válida para los chavales. Eso sí, los mayores deberían verla en compañía de amigos y sin ahorrar comentarios. Para eso, chicos, no tiene precio. La tele de calidad.

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