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Cuando se es un chaval
aficionado a los cómics a una edad en que la mayoría
ya piensa que son cosas de crios y en un entorno donde se desprecia
todo aquello que recuerde que aún eres un crío (el
colegio), ¿quién puede ser tu modelo a seguir? Los
chavales de hoy tienen a Kevin Smith, pero hasta 1990 por
aquí no teníamos a nadie. Hasta que llegó Andrew
Clements.
Andrew
desenbarcó por las tardes en la primera cadena con su serie
Mi doble identidad, serie que descubrí con
enorme alegría y estaba interpretado por ese titán
que es Jerry O´Connell al que podréis haber
visto de mayor en El Cuchitril de Joe o Scream
2.
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Miren
como se rien, qué harán los dos tan juntitos
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El
caso es que este chaval tenía un vecino al que llamaba Doctor
J, un tal Derek McGrath que recuerdo salía en Loca
Academia de Policia 4. Los dos compartían una amistad
bastante extraña y que ahora, malpensado yo, interpreto de
una manera bastante pedófila. El Doctor J era inventor, y
provando un rayo para hacer crecer las plantas dota al chaval de
superpoderes. El reparto lo completaban su madre (que salía
en la canción flipando ella sola en una bici estática)
y la hermana, muy mona ella. Ah, ¡y todo esto en Canadá,
ahí es nada!

Lo
que molaba de la serie, y lo que consiguió una total identificación
por mi parte con el chaval, es que Andrew era un fanático
de los cómics. Su habitación rebosaba tebeos, había
posters por todas partes, disfrutaba teniendo sus poderes y quería
ser superhéroe, y eran habituales las citas y guiños
a los comiqueros. Si a esto añadimos que nos parecíamos
físicamente (me daba un aire, nada más), ya teníamos
al que durante un tiempo fue mi héroe, hasta el punto de
hacer con mi cámara mi propio capítulo de la serie.
Sí amigos, una vez más me pongo en ridículo
ante vosotros para vuestro entretenimiento. Espero que Satán
me lo tenga en cuenta.
Andre
tenía supevelocidad, invulnerabilidad y podía
levitar, que no volar. De hecho, para controlar su vuelo
tenía que ayudarse de unos sprays que le impulsaban en la
dirección deseada. El tipo era tan freak que hasta se creó
un uniforme y una identidad secreta: Ultraman. Pues parece
que los guionistas no estaban muy puestos en cultura pop, no, porque
mira que no saber que Ultraman es el super japonés por excelencia...
Muy mal.
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¿Quién
diantres tiene los tebeos colgados en la pared?
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Las
aventuras eran bastante sosainas, eso sí, y lidiaban con
chantajistas, ladrones y matones de instituo. Lo normal en estos
casos. Por entonces me parecían divertidillas, ya ven. Sin
embargo, mi fanatismo con Andrew apenas duró unos meses,
ya que en la segunda temporada, Jerry O´Connell dio el estirón,
perdió peso y... ¡dejó de interesarse por los
cómics! Esto coincidió con la aparición de
un supuesto mejor amigo, un tal Kirk, al cual odié,
pues le hacía responsable de su perdida de interés
por los tebeos.
Seguí viendo la serie, aunque sin las ganas de antes. Además,
Andrew ganó superfuerza y dejó de necesitar
de los sprays para volar. Para colmo, en la tercera temporada cambiaron
la sintonía original, por una versión "moderna"
en plan AOR. De nuevo, odié el cambio, aunque ahora me gusta
mucho más la segunda sintonía.
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A
pesar de todo, he seguido con cierto interés la carrera
de Jerry O´Connell, ya que además de aquí
salía en Cuenta Conmigo. Afortunadamente,
el tipo ha hecho cosas bastante recomendables, como las mencionadas
al principio el artículo, la serie Salto al Infinito,
Juerga de Solteros o Space Cowboys...
Jerry es el puto amo y hay que besar el suelo por donde pisa.
Hace un par de años pude volver a ver algunos episodios,
y la serie sigue siendo perfectamente válida para los
chavales. Eso sí, los mayores deberían verla en
compañía de amigos y sin ahorrar comentarios.
Para eso, chicos, no tiene precio. La tele de calidad. |
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