El Adiós Blogger
Hay dos aspectos del contubernio bloguero que deberían llamar la atención sobre todos los demás. El primero es el uso indiscriminado del término ficticio "paranoias" (cómo nos mola a los españoles relacionar "locura" con "desenfado" y "diversión"; te queremos "loca academia..." ¡resurge!). Una de las bases de la paranoia es el razonamiento lógico (que no acertado) que confirma el delirio del enfermo, cuando ve que todo encaja en su teoría y por eso nunca le sale cinco en el dado cuando juega al parchís.No es sinómino de gilipolleces, tipo "lo que me he reído viendo Saw V con mis colegas", es una enfermedad mental. No es algo divertido ni gracioso, es como utilizar el término "cáncer" en pro del humor y el desenfado. Les pondré un rasero para que sepan, de ahora en adelante, hasta dónde pueden llegar a transgredir sin caer en el mal gusto: si algo tiene pinta de salir en un fanzine, descártenlo.
El segundo aspecto a comentar, y al que dedicaré la entrada de hoy, es el llamado "Adiós Blogger", que existe mucho antes que los blogs y, por supuesto, que internet. El "Adiós Blogger" es aquel que surge de la fusión de un pensamiento y un estado de ánimo fugaz. El estado de ánimo al que me refiero es un simple calentón, una rabieta alimentada directamente de ese tanque de soberbia que todos tenemos, aunque juremos ser humildes (y sencillos, sinceros... bla bla bla, ya saben, hay una plantilla para describirse, igual que la hay para hacer un currículum)...