¡Aguafiestas, chafatortillas!
Cada vez que tengo que cuidar a mis sobrinas (fíjense que no las llamo las Wallysobrinas o algo así, nadie diría que esto es un blog, ¿eh?), siento que he alcanzado la madurez plena. Cierto, mi afición por los juegos de mesa se ha acentuado hasta lo enfermizo, y me río a carcajadas con los tebeos, cosa que de pequeño no hice nunca. Es posible que sea más selectivo con los dibujos animados, pero mucho más radical con los que me gustan. Y aún sustituyo los finales de las estrofas de las canciones por palabrotas, qué le vamos a hacer.
Pero por otra parte, he empezado a comprender que los niños pueden ser verdaderos toca-cojones, aún sin proponérselo. Imprudentes a más no poder, bombas de relojería programadas para estallar en cualquier momento, autodestruirse y llevarse por delante buena parte del menaje. Y me veo avisando y previniendo, regañando y prohibiendo y, en definitiva, aguándoles la fiesta a las criaturas. Que sé muy bien lo que se siente cuando te lo estás pasando de coña y viene un mayor a darte el alto, que yo también lo he sufrido.

Voy pues a señalar la viga en mi propio ojo con este repaso a entretenimientos censurados hasta la saciedad en mi casa:
LAS TINIEBLAS.