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Junio 2007 Archivos

Junio 3, 2007

Más Platón y menos Kubrick

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Hay algunos que, al igual que los Frosties hacen con el tigre, despiertan al xenófobo que hay en ti. (Promesa cumplida, HOYGAN)


Bienvenidos a Pyjamarama!, el blog que hace amigos. Esta semana me dedicaré a rebuscar en los numerosos cajones del mueble de mi odio (viva Espronceda) para poner al servicio del lector los títulos de supuestos peliculones que a mí me parecieron una cagada forrada de berlindongo. El que no esté de acuerdo, que cuente despacio hasta diez antes de utilizar los comentarios con afán reivindicatorio.


EL RESPLANDOR. Hay que ver lo contradictorio que es el público a veces. Se machaca y patea cualquier adaptación (el ejemplo más reciente: Spiderman 3) por el mero hecho de no ajustarse al original en que se basa, con tal furor como si fuese la biografía de uno mismo – o la de la propia madre, como ese coñazo de Lola Flores -. Pero cuando es Kubrick el que da pisotones a una novela, no sólo no pasa nada, sino que la gente se hace la sueca, como si no hubiera novela alguna. El parecido de esta película con la novela de Stephen King se limita a cuatro o cinco lugares comunes (gracias al cielo, alguno más que “El Cortador de Césped”) y a enseñarte a la espantosa actriz Shelley Duvall en el papel de chillona-llorona-navalpijo (¿de verdad alguien quería que sobreviviera?), sustituyen los aterradores desvanecimientos del niño por un absurdo sinsentido de voz forzada, moviendo el dedo y arrugando la nariz como si estuviera oliendo mierda en un palito, y a Jack Nicholson tan sobreactuado que roza la comedia. Que esa es otra, con la liga anti-sobreactuaciones que hay actualmente, que el bueno de Jack parezca que ha pagado bula.


Por no hablar del denigrante recorte de papel que sufre Halloran, el cocinero. Me huelo que a Kubrick no le hacían mucha gracia los negros, porque de ser el héroe de la historia, el buen cocinero pasa a ser el que se sacrifica para que los bwanas puedan huir sanos y salvos. Y ni siquiera es un sacrificio heróico, es una muerte rinconera en plan Viernes 13 pero sin tetas al aire.



2001: UNA ODISEA EN EL ESPACIO. Un éxito que no comprendo. Lo peor que se puede decir de una película en la que el ordenador de a bordo de una nave espacial se vuelve loco y mata a los tripulantes es que es aburrida, y en el espacio nadie puede oír tus bostezos. Resultaría pasable el ser cutre, tonta, innecesaria, excesiva… pero el aburrimiento es algo que no se perdona, y por eso mismo los genios que han editado las películas de Ed Wood en DVD se han dado un castañazo de tres pares: porque fuera de la peli de Tim Burton, la triste realidad es que las pelis del Wood eran un triste coñazo. Pues 2001, igual. No sólo eso, sino que es de un psicotrópico influido por la época en que fue rodada (finales de los 60, tan nocivos como cualquier final de década) que, a fecha de hoy, resulta más trasnochado que las pintas de la Alegre Pandilla (Alfalfa y Spanky, fuisteis mis primeros héroes).


LA NARANJA MECÁNICA. Según Anthony Burgess, uno de sus peores trabajos eclipsó completamente al resto por culpa del éxito de la película de Kubrick. Pues no sería por el fiel parecido a la novela, ya que el maestro barbudo quitó unos cuantos detalles que le daban sentido completo a la historia, sustituyéndolos por toques de esperpento barato – como el carcelero hitleriano – que ahora dan mucha risa a los alumnos de ética cuando el profesor se la pone para su correspondiente posterior debate y redacción. Eso sin mencionar el cipotón con el que mata a la viuda, una astracanada gratuita que nadie habría permitido en, por ejemplo, la reciente parida titulada “El Perfume”. (¿alguien la vio?). Claro que la de Süskind ya era famosa de antes, y la de Burgess de no ser por la bufonada de adaptación de Kubrick, dudo siquiera que se conociera en los círculos más reducidos y selectos de gente con cordón en las gafas. Y es que vamos, el rollo del lenguaje nadsat se lo podía haber ahorrado, porque con tanta visita a la última página, parece que más que una novela estás leyendo el libro de tests de la autoescuela.


EYES WIDE SHUT. Esta es una basura infecta, pero se ha encontrado con muchos detractores debido exclusivamente al hecho de que Tom Cruise es un personaje al que un buen día se decidió que hay que odiar. Más o menos como pasó con Victoria Adams, que ahora todo el mundo revindica a las Spice Girls (claro, como ya no cantan, son objeto de nostalgia y culto) pero ella sigue dando el mismo asco. O quizá más. Por otra parte, nunca he entendido ese culto pajillero en torno a la figura pavisosa de Nicole Kidman, ni me explico por qué puede resultar mejor actriz – o más respetable – que Marisa Tomei. Y esta última ganó el Oscar antes, y sin interpretar a un personaje real en un drama plomizo como Las Horas, que eso ya sabemos que es premio seguro, y más si hay caracterización de por medio.


¿TELÉFONO ROJO? ¡VOLAMOS HACIA MOSCÚ! Lo malo de las inteligentes y sutiles parodias sociopolíticas es que corres el peligro de no resultar tan gracioso como la gente recuerda a posteriori. Esta es muy apreciada por el público en general en cuanto a la comedia tronchante, pero – al igual que le pasó a algunas de Blake Edwards, como La Pantera Rosa o El Apartamento – su auténtica intención era un tanto más seria (aunque en el caso de La Pantera Rosa, ignoro cuál era la intención última de ese cagarro insufrible; las secuelas al menos son de género identificable). Nunca he podido pasar de la mitad de la película, y eso que me he dispuesto a verla tres veces. ¿Y por qué no empiezo por donde lo dejé? Pues verán, es simplemente que cada vez que me enfrento a una nueva intentona… NO RECUERDO EL MÁS MÍNIMO DETALLE. Nada, como si me hubieran sacudido el telesketch y se hubiera borrado cualquier recuerdo de esa peli. Imagino que la crítica que pretende hacer aún podría aplicarse en estos días de botonazo y explosión, pero personalmente prefiero la crítica que subyace en clásicos adolescentes como “Juegos de Guerra” o “Juguete Mortal” (esa en la que un crío roba plutonio del experimento Manhattan para construir una bomba y ganar el premio en la feria de ciencias), que al menos son divertidas. Aprovecho para confesar que nunca he considerado a Peter Sellers el actorazo que los demás ven, y aparte de El Guateque y Un Cadáver a los Postres no considero que haya hecho nada bueno en su vida como para tener una peli biográfica. Vamos, que incluso Billy Zane se lo merecería más.


Finalmente, un apunte sobre “la Chaqueta Metálica”: la crudeza de la guerra ya estaba muy bien retratada en otras tantas pelis. Y eran más cortas y con menos tacos. Que ya basta de recrear la crudeza de la vida a base de meter “mierda” y “joder” en cada línea de diálogo.

Junio 7, 2007

El Opio del Pueblo

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Rindo hoy homenaje a un gran profesor, el insigne Don Alfonso Ferrón del Río (hoy, director general de Alfedel, sociedad promotora de centros educativos), y su aparición estelar en aquella primera clase de religión de 8º de EGB. Aunque es una dramatización, en suma todo ocurrió así, y fueron estos los momentos más notorios:

Buenas tardes, algunos de ustedes ya me conocerán, otros no. Tanto para los que sí como para los que no, soy Don Alfonso, y este año han decidido que sea yo quien les imparta la bonita asignatura de Religión.

Este es un año muy difícil para ustedes, bastante tienen con aprobar asignaturas importantes como matemáticas o lengua, como para que yo les atormente con otra asignatura, exámenes y todo ese rollo. Yo opino sinceramente que la religión es algo que va por dentro y que se aprende en familia o en la iglesia, al colegio se vienen a aprender las demás cosas. Si alguno de ustedes va a misa, se habrá fijado en que el cura nunca les enseña a resolver ecuaciones ni lo que es la sinécdoque, pero en fin, esta es mi opinión personal, que poco importa en el caso.

Esto no significa que vayan ustedes a dedicar dos horas a la semana a cambiar cromos o a comentar las “zapas” que se ha comprado fulanito, sino que intentaremos que, aunque llevadera, sea una clase lo más útil posible. Cada día comentaremos algún aspecto religioso, bien espontáneamente, bien por alguna noticia del periódico o la tele, y cuando empiece la liga, la comentaremos también, e incluso rezaremos por el Real Madrid. Si hay alguien de otro equipo... que se vaya a ética.

También he pensado ponerles algunas películas, pero no se preocupen, no serán esos rollazos que ponen en semana santa. He pensado ponerles La Vida de Brian y alguna otra que se les pueda ocurrir a ustedes, siempre que tenga algo que ver con la asignatura, claro...


Siguiente clase:


Hoy vamos a hablar de la religión en consonancia con los cambios de marchas de las bicicletas Shimano. Hay veces que necesita uno fe para subir según qué cuestas...

Siguiente clase:


Hoy hace muy buena tarde y he pensado que quizás, como es viernes, querrían irse antes a casa. Pero como tienen la mala suerte de ser primera hora y tener otra clase después, nos vamos a quedar aquí, vamos a abrir las ventanas para que entre el solete y a hablar de tradiciones de la iglesia que ya han pasado de moda, como por ejemplo, la confirmación. ¿Alguno de ustedes ha pensado en hacerlo? Piensen que no es como la comunión, nadie les va a regalar una bici ni una videoconsola...

Siguiente clase:


(entra una mujer con el pelo color "rubio cuarentón"; se organiza el jolgorio de cuando aparece un profesor sustituto de aspecto débil)


Don Alfonso no puede venir hoy, así que como imagino que tenéis tareas que hacer, poneos a ellas en silencio.

Siguiente clase:


... de modo que ya saben lo que son los diez mandamientos, y lo difícil que es seguirlos. Bien, como sé que muchos de ustedes fuman, aunque lo nieguen, yo no soy su padre y si les pido el favor de que me presten un mechero hasta la próxima clase, espero que sean buenos cristianos y me lo den.

Siguiente clase:


Don Alfonso tenía una reunión importante y no puede venir. Podéis hablar hasta que acabe la hora, pero en voz baja.

Siguiente clase:


Silencio. Silencio. A ver, callaos, por favor. A partir de hoy, os voy a dar yo la clase de religión. Me llamo (he olvidado el nombre, todo el mundo la llamaba La Numancia). ¿Qué era lo que hacíais con Don Alfonso?
(alguien le da una respuesta franca y determinante)

Subsiguientes clases hasta junio:

(La Numancia se pasea por la clase, en medio de un follón considerable)
Callaos. En silencio. Silencio, no arméis barullo, por favor. (se acerca a un grupito) ¿Dónde vais este fin de semana? Ah. Sí, yo voy a mi pueblo...

Ese año sacamos todos notable.


¿Nos abandonó Don Alfonso sin miramientos? ¿Tuvo algo que ver el origen de Alfedel con su retirada de nuestra clase? ¿Tenía tantas cosas que hacer que le era materialmente imposible "darnos clase"?


Los rumores apuntan a que una o varias madres se quejaron de lo inapropiado de los argumentos de nuestro profesor. Me pregunto si a esas madres les satisfizo el hecho de tener dando vueltas por el aula a una señora a la que tomábamos el pelo a nuestro antojo, y hasta echarnos partidas de cartas o jugar a tirarnos una revista porno de mesa en mesa, mientras la pobre Numancia corría de uno a otro para intentar cogerla. La cara que se le puso al ver lo que era fue tremenda.


Por cierto, se viró la tortilla y mientras nosotros nos tocábamos la nasa, los de ética curraron ese año poco menos que como cabrones, de lo cuál me alegro. Ya estaba bien de repetir cada año el debate sobre el aborto y las corridas de toros, joder. Les iba tocando currar un poco, para variar.

Junio 16, 2007

El Maquiavélico Plan de Wizards of the Coast

Puede que muchos de ustedes (raro, si son lectores asiduos de Viruete.com) no conozca el producto estrella de Wizards of the Coast, el juego de cartas coleccionables Magic: El Encuentro. Aquello tan divertido de gastar maná en criaturas y conjuros con los que destruir a tu oponente, y con unas reglas que todo el que califique de enrevesadas demuestra que no ha jugado nunca a la puta Canasta (o al Copas, o a Mutilar a Doña Cebolla).


Precedentes: 1. el juego parece atraer principalmente a los repetidores (acojonante, normalmente sólo se dedicaban a fumar en los baños). 2. a Diego Asensio le roban todas sus cartas en el portal de su casa, a punta de navaja. 3. el propio hijo del gran Don Alfonso, a quien en un sentido homenaje a Ibáñez llamaremos Alfonsito Dividendo, se plancha mil duros en fabricarse un mazo de sesenta cartas.


Avanti con la historia: hacia las doce de la mañana de un día cualquiera, Don Alfonso entra en la clase damnificada (la de mayor número de jugadores, incluido Alfonsito Dividendo; Diego era de otra clase, pero a quién vamos a engañar, no le importaba a nadie), 8º A. Parece serio, y no porque le hayan destituido de su cátedra de religión mencionada la semana pasada en este mismo espacio.


- Buenos días, quería decirles unas palabras acerca de una moda reciente. ¿Quién juega, colecciona o tiene las "cartas mágicas"? (las manos se alzan tímidas, como en el anuncio en que preguntaban de quién era el condón) Bien, permítanme una para que le eche un vistazo (alguien le pasa un Bosque). ¿Cuánto cuesta exactamente esto?


- 15 pesetas, porque es común. Luego depende, las hay baratas y las hay muy caras, hasta una que cuesta 42000 pelas (dicho con orgullo, y eso que aproximadamente es lo que viene a costar un sello con la cara de Favila).


Don Alfonso medita unos instantes, mientras la frase "*Tap* to add a *green mana* to your mana pool" gira en su cabeza, que lucha por encontrarle algún significado. De pronto, la desesperanza e incomprensión se torna ira y, arrojando la carta sobre el pupitre más cercano, se pone hecho un basilisco, y nadie se atreve a bloquearle, porque bien sabido es que toda criatura que bloquee o sea bloqueada por el basilisco, deberá ser enterrada al final del combate.


- ¡Esto vale un duro! ¡UN DURO, SEÑORES! ¡Es un trozo de cartón con un dibujito y letras! ¡Si ustedes pagan más de un duro, es que son TONTOS! ¡SON USTEDES TOOOOOOONTOS!


Y a continuación, el mayor tirón de manta desde que Garganta Profunda le sacase los colores a Nixon. Atención a la teoría, porque se podría inflar hasta tocar financiaciones de grupos terroristas e incluso la infame Área 51.


- ¡Esto son imprentas clandestinas que sacan miles de planchas de estas a bajo precio, y luego embaucan a los niños, les meten el rollo del uno, del otro... se las dan por diez pesetas a una compañía, esta las vende a las tiendas por cinco duros, luego pagan a chavales para que se las metan por los ojos a los demás, y los engañan a tooooodos! ¡SON USTEDES TOOOOOOOONTOS! ¡Esto vale UN DUUUUURO! ¡Ya tienen ustedes edad, y un colgajo bien grande, para estar gastándose el dinero en jugar con cartitas y cromitos! ¡Todo esto es una mafia, y los están timando de la forma más tonta! ¡Es un timo! ¡Se han metido en UN ROL, señores!


Tras esta determinante frase, que pretendía ser lapidaria a costa del en aquella época malogrado mundo del juego de rol (gracias a los pollabobas esos que mataron a un pobre hombre en una parada de autobús), las cartas Magic, que en realidad nunca fueron un juego de rol - a menos que a gastarse ingentes sumas de dinero en cartitas y cromitos se considere "interpretar un personaje"- quedaron terminalmente prohibidas en el colegio, con lo cuál sólo se consiguió aumentar la espectación y que fuésemos más los tontos que desoían la llamada de su supuesto gran colgajo. Al año siguiente, la moda terminó. Los repetidores y sus lameculos abandonaron Kird Apes, Counterspells y Disenchants en pro de una nueva y jocosa moda: los porros.


Poco más tarde, Don Alfonso partió a fundar su propia empresa (la hoy exitosa Alfedel), y nadie entró nunca a explicarnos de dónde sacan el hachís los de Wizards of the Coast, ni cuál es su precio real, ni su auténtica composición. Por tanto, la gente se infló a porros y acabaron todos apollardaos.

Junio 25, 2007

Mitología para Escépticos 1: Breve Psicoanálisis del Orco

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Bien es cierto que ni los orcos ni los trasgos son célebres por su privilegiado intelecto. Muy al contrario, la mayoría de los orcos poseen la misma inteligencia que una puerta, y la misma perspicacia que el pomo de esta. Los trasgos, en cambio, suelen ser directamente idiotas sin más metáforas.


No obstante, la crueldad que ambas criaturas llevan en la sangre los convierte en seres retorcidos, y cualquiera sabe que para ser retorcido hay que tener un mínimo de inteligencia. No grandes luces, pero sí una pequeña llamita testimonial.


A veces, la llamita de inteligencia que conlleva el ser retorcido se acerca a una cuerda y, aunque lentamente, acaba por quemarla. La mayoría de orcos o trasgos que muestran un razonamiento más elaborado que “el caos es divertido” son expulsados de su tribu o clan. En realidad, son expulsados de su propio cuerpo, ya sea por el método consistente en colgar a la víctima de un árbol y darle estacazos como si se tratara de una piñata, o por cualquier otro en el que intervenga la violencia más salvaje. El método de selección natural de líderes es el de “el más fuerte”, mientras que el de permanencia en el poder es el de “ser capaz de dormir con un ojo abierto y no dar la espalda a los aspirantes a sucesor”.


Después de líder, la profesión predilecta de un orco es, sin duda, la de guerrero brutal. No sólo por su tendencia natural al caos, sino guiados por un sorprendente razonamiento práctico: Dado que el panadero hace bollos, el vaquero saca leche, el carpintero fabrica muebles y el peón construye casas, la única forma de conseguir todo eso sin aprender cuatro oficios a la vez es dedicarse a guerrero brutal, matarlos a todos y luego estirarse en la butaca de un confortable salón a disfrutar de unos bollos con leche. A veces, da miedo pensar que los orcos no sean tan tontos como parecen...


Flinnd Catacaldos Dáergen, Tratado de Nuestros Diversos Enemigos, Capítulo 6.3: Orcos y Trasgos, cabrones de piel jabonosa.


Junio 27, 2007

Mitología para Escépticos 2: Ogros Tácticos

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Es un rumor extendido que, en las debidas circunstancias, una madre es capaz de producir la suficiente adrenalina como para tumbar de un solo puñetazo al caballo desbocado que estaba a punto de pisotear a su hijo. No menos extendido es aquel que dice que, si se mantiene el pensamiento en otra parte, un dolor en particular deja de sentirse. Tal es la filosofía que siguen algunos de los ogros más lerdos, en especial la tribu Jaraug-Grun, localizada en las cuevas del mismo nombre, cerca de Pico de Marfil. Su modo de distraer la atención para insensibilizarse ante el dolor de las heridas en cualquiera de sus numerosos asaltos a los poblados humanos al pie de dicha montaña consiste en introducirse astillas bajo todas y cada una de las uñas. De este modo, el dolor transmitido a su pastoso y abotargado cerebro mediante estas molestas pero inofensivas torturas los mantiene ajenos a cualquier otro sufrimiento físico.


Ninguno ha caído en la cuenta de que la ausencia de otras dolencias no se debe a esta pequeña treta, sino al hecho de que ni uno sólo de los aterrorizados habitantes de los pueblos atacados, simples campesinos en su mayoría, ha logrado jamás rozar siquiera a un ogro, por lo que las únicas heridas con las que las triunfales criaturas vuelven a sus cuevas son las que sus propias astillas les producen. No obstante, cualquiera con la inteligencia suficiente para tratar de explicarles este dato, indudablemente no será un ogro. Y lo que la tribu Jaraug-Grun hace con los que no son ogros no es precisamente sentarse a recapacitar sobre los peros de sus costumbres...


Erldrubbar "Gigante" Bolken, Tácticas de Combate para Jóvenes Invasores, volumen II página 139

Junio 30, 2007

Emular es Fácil (2): Discursos Tarantineros

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Vielkomenn. Hace tiempo, en la primera entrega de esta minimalista serie de emulación de escritores/guionistas famosos, expusimos cómo crear el inicio perfecto para una película de polis con camisetas de tirantes y relación de amor/odio con el comisario jefe por sus métodos radicales y al borde del reglamento. La lección de hoy está enfocada a dar a nuestro guión un poco de luminosidad, intercalar tiros, sangre y todas las formas verbales de "joder" con esa perorata que directores de la talla de Quentin Tarantino han convertido en imprescindibles clásicos del cine violento, mafioso y macarril. Bien puede ser utilizada para complementar la primera lección, como escena de futuro éxito entre fans internautas y gente que escribe libros de cine, que vienen a ser todos lo mismo y ensalzar las mismas películas. Adelante, pues:


La escena, un tipo con aspecto de mafioso importante y sin escrúpulos, sentado en una butaca (el asiento de los tipos con aspecto de mafiosos importantes y sin escrúpulos) tiene un cuenco de helado frente a sí, del que come una cucharada. Un tipo duro con traje y corbata hace su entrada, conduciendo a un tipo con aspecto de chihuaha histérico y probar la cocaína con la punta de la uña repugnantemente larga de su meñique hacia el mafioso. Está claro que este le va a poner las peras al cuarto, algo ha debido de hacer.

Un escritor sin estilo se limitaría a soltar al metepatas ante el mafioso, este le diría que ya la ha cagado demasiadas veces, y ordenaría que le metiesen un tiro a ritmo de música clásica. Un verdadero guionista con gafas y perilla sabe que lo suyo es destacar con un discurso en principio pacífico e irrelevante, basado en metáforas de la vida cotidiana, coqueteando con detalles oscuros que hagan entrever lo que le va a pasar al metepatas con pinta de chihuaha. Vamos allá con el discurso:

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¿Qué pasa, Tony? Te veo nervioso ¿Quieres un poco de helado? Ayuda a relajar los nervios. A mí me encanta el helado. No los dulces en general, de hecho, odio los jodidos dulces, pero mataría por una buena ración de helado. Mi favorito es el straciatella, especialmente el que hacen en Maisy Cream. ¿Has ido a Maisy Cream, Tony? Tienen el mejor straciatella que puedas probar, te lo aseguro. Es una jodida delicia. Lo único que odio del helado es cuando estás disfrutando una buena cucharada, dejando que se funda en tu boca llevándote al mismo cielo del jodido sabor y de pronto te cala los dientes, haciéndote joderte de dolor, agujereándote hasta el puto cerebro con una punzada gélida.


Verás, Tony, hay que cuidar mucho los dientes, porque si no, duelen. Te habrás fijado en que existen tres tipos de dientes: los de arriba, los de abajo y las muelas. Las muelas hacen todo el puto trabajo duro, masticando toda la mierda que te metes en la boca y que los dientes se limitan a cortar con un par de mordiscos. Sin las muelas, estarías jodido. En cuanto a los dientes, los de abajo tienen mucho más trabajo que los de arriba: tienen que apretar con fuerza al morder, mientras que los de arriba se limitan a quedarse en su sitio y dejar que los demás hagan el trabajo duro por ellos.


Sin embargo, a la hora de la verdad, los dientes más valorados son los de arriba. Si alguien se viese obligado a sacrificar uno de sus dientes, elegiría cualquiera, salvo los de arriba. ¿Una puta muela? Qué más da, hay muchas más. Tienes la jodida boca llena de ellas, y o eres el puto Jerry Lewis o nunca abrirás tanto la boca en público como para que se te vea el agujero. Y casi lo mismo podría decirse de los dientes de abajo. Pero Tony, nadie quiere perder uno de los dientes de arriba. Alguien sin un diente de arriba dejará de sonreír, o se tapará la puta boca para reírse cada vez que alguien cuente un chiste. Los que más se valoran son los dientes que menos trabajan, pero están ahí para cumplir su puta función estética.


¿Entiendes lo que quiero decir, Tony? Me gusta pensar en nosotros como una gran boca funcional. Tú y yo, Tony, somos dientes. Hay muelas que terminan el trabajo que nosotros empezamos, que mastican lo que nosotros mordemos y nos ayudan a tragarlo. La diferencia entre tú y yo es que yo soy un jodido diente de arriba orgulloso de mí mismo, y tú eres uno de esos sufridos dientes de abajo que se llevan la parte más dura cuando hay que morder algo, mientras yo me siento en mi cómoda butaca y espero a que empujes la puta tostada contra mí, para poder cortarla y pasársela a las muelas. ¿Vas entendiendo, Tony? Si las cosas van mal, si hay que ir al puto dentista y elegir qué diente sacrificar, nunca seré yo el elegido, sino una de las muelas o, en caso grave, uno de los jodidos… dientes… de abajo.


Tranquilo, Tony. Se te ha puesto mala cara. ¿Quieres un poco de helado? No sé si lo he dicho ya, pero ayuda a relajar los nervios…


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Independientemente de si prueba o no el helado de marras, a Tony se lo cargan. Pero eso es lo de menos, lo realmente importante es que añadimos minutos al metraje, ya que una película no es respetable a menos que dure de 120 minutos en adelante, damos colorido a nuestro villano y promovemos la venta de pósters y camisetas con imágenes o frases de nuestro futuro éxito.


En la próxima entrega, fecha de publicación desconocida, orientaremos el curso a los éxitos literarios, apoyándonos en uno de los grandes ídolos con pies de barro: Stephen King. Sus recursos más trillados y apreciados por el público al alcance de su mano, apreciados lectores y futuros escritores/guionistas. Hasta entonces, sigan practicando.

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