ARTICULOS

LA MICROMANÍA

El manual de la secta

José Viruete 24-2-05

Para cualquier persona que haya entrado en el mundo de los videojuegos, un artículo como este le va a sonar a chino. Cuando miramos un quiosco repleto de publicaciones de videojuegos (a cada cual menos interesante,, Aureal lo cuenta mejor que yo), se hace difícil pensar que hace tiempo el número de publicaciones se reducía a una. Y que aunque el tiempo pasó y este número fue aumentando poco a poco, durante el reino de los 8 bits Micromanía era LA revista a comprar.

Según los propios responsables, la revista fue la primera en toda Europa en dedicarse exclusicamente al tema de los videojuegos. Nosotros, que en el fondo somos inocentes y vemos Hamtaro y Bob Esponja, vamos a creer su palabra. Aunque claro, luego está por ahí Luixi Toledo diciendo que Thriller es suya y la gente ya le cree menos. En todo caso fue la primera aquí, ya que su hermana Microhobby, centrada en el Spectrum, dedicaba buena parte de sus páginas a utilidades y demás rollo técnico del Sinclair.

La revista nació allá por 1985, cuando los ordenadores de 8 bits eran los reyes del cotarro, y los juegos valían hasta 2000 o 2500 ptas de las de entonces. Tenía el tradicional formato revista y las portadas, pintadas, recreaban escenas de cosas como el Jet Set Willy o La armadura sagrada de Antiriad (que por cierto, usaba en su carátula la tipografía de Iron Maiden), con desiguales resultados. Al final acabaron optando por poner la portada de un juego y arreando, que además daría más beneficios. Sabemos que eran muchos los que en clase se dedicaban a mirar a ver quien era el ilustrador de la portada en cuestión.

El caso es que cualquier persona de clase que tenía un ordenador tenía que pillarse POR COJONES la revista, para estar bien enterado de lo que salía y lo que merecía la pena. Estamos hablando de una época donde lo de la infórmatica todavía le sonaba a chino a la mayoría de la población y los únicos que teníamos un ordenador éramos los críos / adolescentes. ¡Y ni siquiera todos! En mi clase seríamos unas 8 o 9 personas a lo sumo, divididos entre Spectrum y Amstrad y algún rezagao con Commodore o MSX. La informática era algo casi milagroso, un mundo que nos fascinaba, del cual pocos formábamos parte, y la lectura de esa revista nos hacía sentir que éramos parte de una especie de club secreto. Para nosotros era algo así como el Manual de los jóvenes castores, la puerta a un mundo privado y fascinante. Era algo nuestro, de los chavales, el Spectrum era puro rock'n'roll.

Un miembro del selecto club. Luego en la hermandad le corrían a collejas.

El tono que utilizaban en la revista era netamente infantil. Juvenil, que dirían ellso. Desde luego, sabían perfectamente cual era el público objetivo. Porque estas computadoras no servían para nada más que para jugar, por mucho que la publicidad nos dijera que podríamos hacer los deberes, convertirnos en brokers, infiltrarnos en los ordenadores de la NASA o convertir a Bertín Osborne en un robot recogepelotas.. Nosotros bastante teníamos con teclear los interminables cargadores como para preocuparnos por aprender a programar de verdad.

Las secciones no difieren mucho de las que se pueden encontrar en una revista moderan, o, realmente, en cualquier revista temática. Se abría con la ronda de noticias: que si Domark va a sacar la segunda parte del Vixen, o que si preparaba la 2ª parte de MASK. La parte favorita de todos eran las críticas, principalmente, por ver pantallas de los juegos. Salvo por el proteccionismo que existía hacia el software español, podemos decir que eran bastante justas. La sección de Patas Arriba incluía mapas, primero dibujados, y luego extraídos a base de capturas de la pantalla, junto con la solución de varios juegos.

Y aquí me detengo para hacer un inciso: ¿A QUIÉN LECHES LE INTERESABAN LOS MAPAS DE LOS ARCADES? ¿Que sentido tiene publicar un mapa de un juego que consiste en ir a la derecha y matar malos? ¿A alguien le sirvió para algo el mapa del Target Renegade o el Phantis? Sin embargo no era nada raro toparse con alguno de estos mapas. La única función que cumplían era la de rellenar páginas.

Tan útil como un flotador en el Sáhara.

Continuamos para bingo y encontramos la sección de Trucos y Pokes. Los famosos pokes eran unas instrucciones que modificaban los parámetros del juego, otorgándonos vidas infinitas o cosas así. Las vidas eran una cosa que había antes de inventarse la posibilidad de "Grabar partidas", es posible que muchos ni las hayáis conocido. Esta era una de las partes más exitosas. Para finalizar teníamos los Cargadores, que eran larguísimos listados que teníamos que teclear íntegros para obtener ventajas que no podíamos conseguir mediante pokes. Una labor a la que muchos nos entregábamos, primero estóicos, luego histéricos al descubrir que nos habíamos equivocado en una linea del "Data".

Y algo que no podemos olvidar son... los anuncios. Porque uno de los placeres de leer la revista, y una de las cosas que más me siguen gustando es mirar los anuncios que ponían las distribuidoras. Desde los fastuosos a toda página reproduciendo las portadas del Renegade a mis favoritos, aquellos con varios títulos de Code Masters o Mastertronic, empresas de soft barato. Porque ya por aquel entonces me fijaba en lo raro, en las granzas, en los secundarios, en los títulos de los que no sabía nada y que precisamente por eso me iban a sorprender. ¿Cómo serían aquellos desconocidos y extraños juegos? De igual manera releía los listados de tiendas como Coconut, MailSoft o la de Telejuegos, a ver que tenían. Telejuegos era la mejor porque incluían la portada en pequeño para que podías flipar. Y la mascota que tenían me molaba de crío.

Esta primera época es para mí la mejor, por estar tan centrada en los 8 bits. Allá por 1988 decidieron remodelar por completo la revista, y se dejaron una pasta en hacer un anuncio por televisión con la protagonista de un juego de Dinamic, Turbo Girl, saliendo de la revista y escapando de la portada. "Solo para maniáticos" nos gritaba un crío en la pantalla. A mí me hubiera gustado más Solo para maníacos, pero claro, la idea de orientar la revista hacia lectores tipo Annibal Lecter o El niño de la katana (que combinaba ambos rasgos) le iba a quitar bastante público. Curiosamente lo que ponía en la portada era "sólo para adictos".

La segunda época trajo consigo un demencial cambio de formato, pasando a formato tabloide (como un periódico, vamos). Esto en principio molaba mucho, por tener semejante revistón para disfrutar, pero claro, se conservaba fatal. Era difícil de manejar, el papel era más fino y aguantaba mucho peor el paso del tiempo. Fíjense que yo tenía dos ejemplares al mes y NINGUNO aguantó hasta hoy en día.

Lo de los dos ejemplares al mes tiene una fácil explicación. A subscribirte, te regalaban dos libros con los que flipé: el Diccionario de Pokes y el Diccionario de cargadores. El nombre no engaña, y realmente no les saqué mucho partido, pero era genial tener toda esa información ahí. El caso es que la subscripción llegaba a finales de mes, cuando la revista salía al principio. Yo, impaciente, no podía esperar tanto y la adquiría igualmente en el kiosko.

Mi primer número fue el 3, con Skate Crazy en la portada. Allí ya veía que las cosas del Atari ST y el Amiga comenzaban a ocupar mucho espacio. Ahora aparecían también fotos de los redactores, de los cuales destacaré a José Emilio Barbero porque se parecía muchísimo a mi entrenador de Baloncesto (que como encima se llamaba Emilio creía que era el mismo). El cambio trajo también la aparición de nuevas secciones, una con humor y relatos y otra con novedades audiovisuales. Esta última consistía en comentar la última de Schwazennager o el lanzamiento del nuevo disco de Rico (¿se acuerdan de estos?) o Loquillo. Puro relleno.

Pincha para aumentar la imagen y pasar vergüenza ajena con el texto.

Dos puntos marcan el ocaso de la Micromanía como La revista. Primero, el auge y posterior caída de los sistemas de 16 bits (al margen del PC). A mí todas esas portadas con el Loom, Gobliins y demás juegos no me decían nada, a pesar de que tenía un Atari ST. Segundo, la irrupción de las consolas. Si bien en la revista aparecían críticas de juegos de consolas, siempre quedaba como algo raro y fuera de lugar. Cuando apareció Hobby Consolas, se convirtió en la nueva revista a comprar. Pecaba en realidad de lo mismo que la otra, pero molaba más. Dejé de comprar la micro y finalmente entró en una 3ª etapa, de nuevo en formato revista, centrada ya en los juegos de PC y con un tono más apropiado para un público que había crecido jugando y que ya no les valía esas referencias al "cole" y esos comentarios tan ligeritos que se hacían en los primeros números. En su día me hubiera dado con un canto en los dientes al ver el mundo del videojuego tan masivo como hoy en día. SIn embargo ya ven: no me podía interesar menos el medio.

Ya nada volverá a ser como antes, laalalala... Dios mio, ¡he citado a El canto del loco!

Como he dicho al principio, es posible que a muchos os suene raro semejante tributo. Hoy por hoy, casi prefiero releer las revistas a jugar a los juegos. No soy el único: lean, por ejemplo, el estupendo artículo de Wally Week en El Spectrum hoy. Y no se extrañen por ese tributo: hablamos de una época en que la informática era algo mágico, una especie de lenguaje secreto que alienaba a nuestros padres y hermanos más mayores, impenetrable, y que hicimos una de nuestras señas de identidad y de diferenciación. Y ahí la teníamos, todos los meses, para flipar un rato. Cuando uno lee números de Your Sinclair u otras revistas inglesas del tema, ve que había bastante diferencia, que no te trataban con tanta condescendencia y que tenía una maquetación mucho más moderna. Eso era Europa: nosotros tuvimos la Micro y ya nos podemos dar por satisfechos, la verdad. Pudo ser peor: recuerden que era la etapa de esplendor de la Heavy Rock. Que demonios... ¡Los otakus leen Minami!

Algunas de estas fotos han sido extraidas de www.web8bits.com y El Spectrum hoy.

 

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