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José Viruete 7-5-05

Todo comenzó cuando acudí a un centro comercial a ver The Ring 2. Viendo que aún faltaba una hora para el comienzo de la proyección, mi acompañante y yo decidimos cenar algo, para que el hambre no nos asaltase en la oscuridad de la sala. Tras cenar opíparamente en un mejicano, y con mariachis cantando corridos de fondo, el camarero nos ofreció dos pequeños obsequios antes de irnos, un nuevo producto que estaban ayudando a promocionar. Tras examinar dicho regalo, no pude llegar a otra conclusión: "tengo que hablar de esto en la web".

¿Qué es más difícil, tener esos dientes o llevar ese pelo?

¿Cuidan su salud dental amigos? Yo les aseguro que tras mis últimas visitas al dentista, donde pasé lo que la generación del 38 gustaba en llamar "un puto infierno", sí que lo hago. No por ello dejo de estar harto de anuncios de chicles que "cuidan el PH" y tontarías similares. Tampoco tengo un cepillo eléctrico ni nada parecido, pero procuro lavármelos tras comer. Pero claro, cuando uno va a almolzar fuera no suele ir armado del cepillo de dientes (ni aunque sea de He-Man) y el tubo para adecentarse la piñata tras la ingestión de tripas de gorrino. He aquí que los señores de Oral-B (sin bromas) han ideado la solución a esta situación, para alborozo de los más escrupulosos: las "toallitas" Brush Away.

Ya lo estáis viendo en el tríptico que acompaña la bolsita de muestra. Se trata "un nuevo concepto", una solución para limpiar nuestros dientes y refrescarnos en cualquier sitio y a cualquier hora. Algo sin lo que no podremos vivir, y que tendremos que llevar en uno de esos horrorosos bolsos para tíos, que la gente insiste en adornar con chapas de Spiderman o Murdock, para llevar el móvil, los condones, la gafita de sol, los clinex, un boli, una bolsa de bits rojos gastada y una propaganda de un buffet libre que nos dieron al salir del metro.

Mordisqueando el capuchón del Bic.

Pues precisamente por eso chicos, por si nos entran ganas de ir a ese buffet, es por lo que debemos llevar siempre esta tontería con nosotros. Como ven es de fácil utilización. Uno lo abre, se lo enrosca en un dedo y hala, a restregárselo por los caninos y molares que nos queden. Hacer una comparación con un condón es demasiado fácil, y ya la han pensado todos, así que me la ahorro. Por lo demás, los Oral B nos prometen que nuestros piños quedarán igual que los de un Beckam, un Carlos Lozano o un... iba a poner algún cantante de rock, pero como ya nadie quiere parecerse a ninguno no iba a resultar apropiada la comparación. Y además a la mayoría se les caen las piezas de tanto darle al jaco.

Es rico y famoso y se puede permitir tener esa cara. Tú no.

Si realizamos una búsqueda por internet encontramos que en el Reino Unido, entre otras celebridades, lo está promocionando Justin Hawkings, cantante de The Darkness. ¿Ven lo que les decía? Cuando el vocalista abre la mandíbula en lo que menos nos fijamos es en lo blanco que tiene las paletas, así que Justin, puedes ahorrártelo si quieres (pero no descuides los contratos comerciales, que su trabajo cuestan). Pero los tipos de la compañía han tenido que recurrir a él, una de las pocas estrellas del rock con carisma que quedan en las islas. Que triste panorama.

Más que Oral, Digital

Ante tal avalancha de sentimientos, al ver a un ser querido por la web en esa situación, decidí abrir uno y probarlo en mi propia persona, cual Ungenio Tarconi excitado con su último invento. Para empezar, la cosa no me cabía bien en el dedo, con lo cual el "cepillado" fue incómodo. Por otra parte es evidente que habrá que refugiarse en el baño para efectuar la operación, aunque sea para no responder siempre a la pregunta que te hará tu/s acompañante/s "¿Qué leches estás haciendo?" Y si bien puede que ayude a "combatir la placa" (que no sabemos muy bien que es pero tiene que ser algo muy malo, como la anorexia o los malos tratos), tiene un gran handicap: la incapacidad de sacarte los cachotes de comida que se te quedan entre los dientes.

Mientras que las cerdas del cepillo son capaces de quitarte las tiras de ternera que quedan como granzas de la comida, es evidente que con el dedo no podemos y tendremos que recurrir al españolísimo palillo (que por cierto es bastante nefasto para nuestra piñata). Pero de todas formas se lo íbamos a pedir al señor Manolo, así que tampoco tienen ellos la culpa. Por lo demás, la sensación de frescor es similar a la que se tiene tras tomarse un Trident o chicle similar.

Entrenando para mi futura profesión

Desde aquí no me queda más remedio que exigir la aparición del Brush Away doble, con dos unidades en cada paquetito, para que lo puedan utilizar los Aliens, que ya saben ustede gozan de dos bocas, una dentro de otra (que sabia es la naturaleza). También estaría interesante una versión a base de abrillantador de plata para Tiburón, el de las pelis de James Bond, que me comentan tiene su dentadura algo oxidada y maltrecha de tanto arracar columnas de cuajo con la boca. Una última variante que se me ocurre sería la versión Oral-Sex de Oral-B, compuesta por un juego de limpiador y condón, para que uno mismo o su pareja pueda dar frescor y limpiar la boca de placa antes de iniciar la sesión de sexo oral. Una idea moderna y apropiada para estos tiempos metrosexuales que corren.

Dientes, dientes, que es lo que les jode.

Tras pobar el producto volví a pensar en su campaña publicitaria. Una vez más los señores de marketing demuestran su escaso tino al ignorar al que posiblemente podría haber sido el baluarte más poderoso a la hora de promocionar este producto. ¿Cómo es posible que no hayan pensado en Rob Liefeld? El dibujante de cómics americano es conocido entre otras cosas por las perfectas dentaduras (incluso con piezas de más) de sus personajes, los cuales además son tremendamente propensos a mostrarlas en todo su esplendor. Él, y nadie más, es el indicado para ilustrar la campaña publicitaria en vallas y prensa, y si puede ser con personajes Marvel o DC, aún mejor. Tiene que dar gloria ver a Cable, por ejemplo, sacar un Brush Away de sus numerosos bolsillos (que nunca utiliza y sospechamos sólo lleva de adorno), enrroscarse uno en su enguantado dedo índice y darle al minicepillo. Por no hablar de Dientes de Sable, que seguramente querría tomar por asalto a la ONU para que declarasen a nuestro protagonista como producto de primera necesidad.

Esperando feliz al Ratoncito Pérez.

Siendo sinceros, la idea no es mala, pero me da a mí que lo que va a conseguir es que muchos pasen del cepillado normal y le den al Brush, que sólo es efectivo en un 66% en comparación a lavarte los dientes en casa. Sin embargo la gente es tan perezosa que le veo mercado al tema. Aunque resulta que, después de todo este rollo que les he soltado, viene mi hermano y me cuenta que él ha visto muchas veces gente lavándose los dientes con cepillo y pasta en los lavabos de la universidad sin ningún pudor. Supongo que se lo llevarán en el bolso, con lo cual el producto y este artículo a la mierda. Ya te vale, Javi. Por mi parte, y para terminar, me solidarizo con Bertín Osborne cuando se refería en tono despectivo a Sonia Arenas con la expresión "con esa boca llena de dientes", y es que esas fundas de la Arenas o los mega piños de la que presenta A tu lado lo que me dan es mucha, mucha grima.

 

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